
Continuación….
- Los grandes directores e investigadores teatrales de Europa marcaron una gran diferencia entre su teatro y el teatro hispanoamericano, puntualizando la ejecución de movimientos y formas de expresión más allá del lenguaje. Tal fenómeno llamó la atención a directores como Eugenio Barba, Grotowski y Peter Brook en la búsqueda de un teatro más ritual, más metafísico, del que ya era iniciador Antonin Artaud a principios del siglo XX. ¿De qué manera esto influyó en los dramaturgos cubanos de ese tiempo?. Me refiero al desarrollo precoz que tuvo el teatro europeo con respecto al cubano en el campo de una dramaturgia más estilizada, que dio lugar a géneros como el absurdo, el expresionismo, el simbolismo, y que rechazó el género realista o naturalista en las tablas.
Te voy a dar mi opinión, porque poco he leído de estos directores e investigadores, como te he comentado ya, aquí estamos en el fin del mundo y poco nos llega. Recuerdo que hubo un curso sobre Grotowski en el cual estuvo Gloria Parrado, y que “enloqueció” al buen actorazo Carlos Padrón. Luego, creo que también estuvo en Cuba Eugenio Barba. Estos autores que mencionas no son ajenos ni para los directores ni para los actores, recuerda que tenemos en La Habana la Universidad de Arte y el I.S.A.1, de donde salen magníficos actores, directores y dramaturgos que han recibido lo más novedoso de lo teatral.
Cuando comencé a hacer teatro en 1961, desde hacía dos años ya sabía de los teóricos como Stanislavski, a quien estudié con Adolfo de Luis. Me hablas de José Triana, de Virgilio Piñera, de los hermanos Dorr, de Ferrer, de Roberto Blanco, etc., y yo me pregunto, cuántos más recibieron la influencia de esos investigadores. ¿Crees tú que los hermanos Vicente y Raquel Revuelta no recibieron esa influencia como la de Bertolt Brecht, el cual fue furor en Cuba al triunfo de la Revolución?. Teníamos que hacer los montajes con el método y la técnica del realismo, y las referencias más próximas eran nada más y nada menos que películas rusas realistas. No sé si recuerdas el “realismo socialista”, pero los teatristas de la capital, dramaturgos y directores, estaban en la última en cuanto a la ejecución y técnica de los movimientos en escena. Ramiro Herrero, por ejemplo, llamó a su proyecto Gestus. El lenguaje quedó en segundo plano. Los símbolos, las imágenes, las metáforas en escena y la expresión pasaron a un primer plano. Esto también lo recibimos del dramaturgo argentino Enrique Buenaventura (1925-2003).
Los “bolos” rusos y su realismo socialista pronto quedaron atrás porque obteníamos, con técnicas vanguardistas, una mayor comunicación con el público. No olvides «Los Pericos», obra del Teatro del Absurdo; creo que siempre, de una forma u otra, hemos sido parte de la vanguardia teatral.
- Según los estudios críticos, Virgilio Piñera fue el pionero del Teatro del Absurdo en Hispanoamérica. También señalan que se adelantó a autores como Ionesco, Beckett y Sartre en un teatro que expresara una ideología acorde con el pensamiento existencial. El mismo autor concluyó en una ocasión:
…francamente hablando, no soy del todo existencialista ni del todo absurdo. Lo digo porque escribí Electra antes que, Las moscas de Sartre, apareciera en libro, y escribí Falsa alarma antes que Ionesco publicara su Cantante calva. [Piñera, 1960:15]
También dijo:
¡Cuánto de absurdo y grotesco tiene nuestra historia republicana! Las cosas que ocurrieron desde el gobierno de Machado hasta la Revolución no podían presentarse en un esquema racional.
Piñera abogó en sus comienzos por un teatro más realista en cuanto al lenguaje y la lógica de la trama, tal es el caso de Aire frío, para más tarde adentrase por completo en el absurdo con obras como Falsa alarma; El Flaco y el Gordo; Dos viejos pánicos; Una caja de zapatos vacía y Estudio en blanco y negro. ¿Qué cree que lo llevó a viajar por la sátira y el ‘choteo’ cubano hasta llegar al Teatro del Absurdo?, ¿cree que el autor vio en estos elementos una manera más afín para expresar su realidad, es decir, más acorde con su realidad?, ¿qué conexiones reales encuentra, como mujer teatral, entre la sátira, lo grotesco, el absurdo y la realidad cubana?.
Pienso que Virgilio Piñera se decidió por la sátira, el “choteo” cubano y el género del absurdo no por una sola razón. Hay que tener en cuenta que Piñera se escuda tras estos mecanismos por muchas razones, enjuicia a la sociedad que lo enjuicia a él, a la sociedad que le tocó vivir, y se burla de ella como régimen dictatorial que, como sabemos, tuvimos que soportar. Piñera ridiculiza los mitos sociales. La farsa, el “choteo”, lo metafísico y lo aprendido de la filosofía existencialista le son propicios, le viene como anillo al dedo, pues es una forma de no decir abiertamente lo que piensa y siente. Sus obras son alegorías. ¡Las convenciones morales que le indujeron y que tuvo que haber sufrido!. Eran tiempos de enmascarar el verdadero sentir en todos los ámbitos, hasta en el personal.
Como lo señalas en la pregunta: “¡Cuánto de absurdo y grotesco tiene nuestra historia republicana!”. Piñera no acude a lo racional, sino a lo absurdo porque todo era absurdo, encontrando en ello la mejor forma de hacerse entender. Después de la Revolución no abandonará su postura, aún cuando la censura le provoque una muerte literaria hasta su verdadera. Lo digo porque fue lo que me paso a mí, todo lo que me rodeaba era un mundo absurdo, ¿cómo explicarme que en la Revolución sucedieran las cosas que me sucedían a mí, a mi familia y al pueblo cubano en general?. Sin embargo, desde sus inicios le vemos transitar por la sátira y el “choteo”.
Recordemos ahora nuestra idiosincrasia, por eso estos métodos de expresión están presentes en muchas obras teatrales, y no sólo teatrales. No importa si éstas pertenecen al género del absurdo o no, siempre llevarán implícito un toque de “choteo”, de burla, de sátira. La cultura cubana está impregnada de todos estos mecanismos de expresión porque se ajustan muy bien a lo cubano, y es por lo que casi todos los dramaturgos los utilizan, tienen todos ese punto en común. Por otro lado, sirven para los mismos propósitos lo metafísico y existencial, muy útiles cuando no queremos desnudarnos descaradamente, pero sí defender el papel crucial que defendemos todavía hoy en día los dramaturgos cubanos: la propia existencia, la elección, y sobre todo, la libertad individual.
¿Cómo lograr que todo ello sirva para defender nuestros derechos individuales, en una sociedad socialista, sin caer en el totalitarismo?. Con mucha habilidad y con esa arma maravillosa que es el género del absurdo, que dice y parece que no dice nada, y con menos palabras dice mucho y eficazmente.

- Agradeciéndole su disposición para hacer posible esta entrevista, nos gustaría saber lo qué piensa sobre el teatro cubano en general, que nos hablara sobre su experiencia como artista en una Cuba isleña. Y por último, en su condición de dramaturga, directora y actriz teatral, nos complacería saber de qué fuentes se alimenta para su creación, y en qué medida siente que no se puede divorciar de ciertas cosas, acontecimientos, sucesos y experiencias para desarrollar su escritura.
Esta pregunta la considero personal, quiero decir, que basaré mi respuesta sólo con argumentos propios de mi experiencia, que es lo que me pides, la cual puede que sea válida para tu trabajo, o quizás no (risas). Para comentarte del teatro cubano desde sus orígenes tendría que hablarte así: en sus orígenes, en las factorías, etc., hasta la Revolución, creo, ha sido un teatro imitador de los moldes (o técnicas) por excelencia. En donde se reconocen a autores dramáticos, como sabes, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí, Luaces y otros muchos de los cuales conocemos sus nombres a través de Rine Leal, y además, porque han sido llevados a la escena cubana hasta la llegada de la Revolución. Considero que eran buenos dramaturgos, con fuerzas, y que no podemos olvidar. ¡Hasta en la manigua cubana se escribió teatro!. Unos reflejaban la realidad con un nivel superior cultural como los anteriormente mencionados, otros la reflejaban por una necesidad más cotidiana, por decirlo de otro modo.
Como cubana y actriz que eres, sabes de nuestra idiosincrasia, y que en los criollos se van perfilando ya estas formas de ser “especial” de los cubanos, su carácter, su manera de tomar las cosas, de expresarse, de bailar, caminar y reír, tan conocidos en el mundo entero. Donde quiera que aparezcamos se nos reconoce por ello, tu vives en Europa y sabes mejor que yo cómo destacas, y cómo destaca Saskia (su hija, actriz cubana que radica en Madrid) por ser cubanas. ¿Vulgares?. ¡Allá quien así lo crea!, yo diría que «criollas» más que vulgares, descendientes de españoles y africanos, nacidas en una isla con tradiciones de lucha y dignidad, esto lo digo, sin ser amante del sistema que rige en mi país, pero que no hay que olvidar que ha aportado mucho a la dramaturgia, mostrando temas que antes no aparecían ni en los “centros espirituales”, mostrando una dura realidad; primero con una censura férrea, ahora con un poco más de libertad.
La dramaturgia cubana en muy pocas ocasiones se ha mostrado indiferente hacia la vida cotidiana nuestra, versiones, como «Electra», han trasladado temas lejanos al marco nacional, los criollizan. Lo original, con todo, no deja de tener una actualización ya que convergen puntos de otra época con la actual nuestra.
La sátira, lo grotesco, el “choteo” propiamente cubano, están presente desde el teatro de los bufos donde, como sabes, aparecen los negros imitando a los blancos, donde aparecen el gallego y la mulata, personajes propicios para lograr ese tipo de dramaturgia y mofarse de lo que sucedía en la calle, en lo que podemos definir como popular los chinos que invadieron nuestro país, el gusto del español por la mulata, los amores del amo blanco con la negra esclava. De esta manera va surgiendo nuestro teatro, impregnado por la música negra, el dolor y la filosofía de aquellos que fueron esclavos. En esto consistía nuestra escena vernácula.
Lo grotesco, causa de risa e idea de lo ridículo, del mal gusto y de lo irregular, está presente en nuestras obras teatrales, y sí, considero que es un modo de expresión cubana, más que un modo de denuncia, es el sello que más nos identifica. En cualquier obra con tema, pudiéramos decir, serio, siempre aparece algo de lo grotesco. Desde el teatro bufo se marcan los inicios del verdadero teatro cubano. Esta dramaturgia fue tan bien acogida por el pueblo cubano, que éste se vio reflejado en la escena, en lo cotidiano, en lo más popular y criollo de nuestras raíces. Surge desde entonces la cubanía, lo autóctono, lo nuestro nada importado, nada copiado, nada impuesto.
Como isleña encerrada, y “rodeada de agua por todas partes”, he visto poco teatro. En México algunos temas me dejaron con “la boca abierta” y me sacaron lágrimas, en España más o menos, en Italia, a su manera… Mi obra, por ejemplo, «Escritura de la diferencia», ganadora del premio en Nápoles, quizás este año o el próximo, podrá ser mejor montada a mi manera, porque llevará el sello cubano, pues como cubana, carezco de fuertes vivencias foráneas y he recurrido siempre a las fuentes nacionales.
Cuba en los últimos años ha sido un volcán en erupción. Hemos pasado, y ya lo sabes, por momentos muy amargos, hemos sufrido muchas necesidades y también todos los que nos rodean. De esa fuente, de donde constantemente fluye agua clara, o bien fangosa, hemos bebido para nuestra creación. Como directora artística, me agradan las obras de los dramaturgos hispanoamericanos porque están más cerca de mi realidad, claro está, me encanta «Un tranvía llamado deseo» de Tennesse Williams, o «Las criadas» de Jean Genet (1910-1986), sobre todo por plantear temas y personajes con “bomba”, cosa imprescindible para ser un buen dramaturgo, director o actor.
Un día logré decir lo que no podía decir en alta voz, logré reflejar la dura realidad y se me tildó de subversiva. Toda mi obra fue al Partido Provincial, pero, ¿que podían hacer contra una realidad que vivía todo un pueblo y la cual yo llevaba a escena honestamente?. Así surgió «La Panetela», «Vuelo Circular», «Los Contrincantes», «Eclíptica», «El Convite», y otros más monólogos de denuncia.
El dramaturgo cubano ha estado limitado, ha sufrido ataduras, por eso ahora es reconocido Virgilio Piñera y tantos otros. Yo tuve miedo de abrirme y por eso anduve casi sin saberlo por el absurdo. A través de él, expresaba exactamente lo que quería, con pocas palabras lograba comunicarle al público la verdad, lo que yo quería decir, obras como «Rompecabezas», llevada a escena por Ramiro Herrero, y «La Panetela», todas escritas durante el “primero período especial” en Cuba. Claro está que ningún escritor logra divorciarse del medio que le rodea. Lo refleja a través de las novelas, los cuentos, los dramas, la música, las danzas, etc. Todo lo artístico refleja la realidad, al menos parte de ella, y se echa a volar la imaginación para que surja la fantasía, lo bello, lo más hermoso, o quizás lo más feo de esa realidad que vivimos y de la cual partimos cuando creamos.
Los acontecimientos vividos en Cuba han sido fuertes, caóticos, terribles, sucesos que no podemos olvidar porque hemos sufrido al vivirlos sin remedio para acabarlos, o huir de ellos. Siempre parto de la célula principal de la sociedad y de la familia, en ésta encuentro los más auténticos personajes porque son a los que más me entrego, sufriendo viéndolos sufrir. He llorado viéndolos llorar, he amado viéndolos amar, y así he escrito obras con ellos, que me han dado la vida como creadora, por los que he vivido y vivo. Ahí está mi mejor premio, ya no el de Italia del concurso «Escritura de la diferencia» en Nápoles: Lourdes y yo, ¿recuerdas?. «La Panetela»: mamá y yo. Mis vecinos, mis amigos, todos estos personajes con sus dolores y alegrías, mi familia, mis hijos y mis amores, son ellos los personajes de mis obras, y sus conflictos son los mismos que en esta “puñetera” sociedad que me ha tocado vivir.

Mejor amigo. Óleo sobre lienzo (2015) de R. Fabelo.
Referencias:
1 Instituto Superior de Arte Dramático en La Habana. Creado en el 1º de septiembre de 1976.